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urszula urszula, September 20, 2014

16 de septiembre de 2014
Recuerdo el día en que supe que algo grande iba a llegar para todos cuantos buscamos la menor oportunidad para alzarnos y exigir acciones reales sobre el cambio climático. Estaba hablando con un organizador de 350.org –un grupo de activismo medioambiental cofundado por el escritor y ecologista Bill McKibben–, cuando mi interlocutor me miró con la resignación de quien sabe que pronto va a estar muy, pero que muy ocupado.

Me dijo: “Bill cree que deberíamos poner en marcha la mayor marcha en defensa del clima de la historia”.

Fue entonces cuando me di cuenta de que también yo quería aportar mi granito de arena para ver ese deseo materializarse en el evento solidario a escala global que hoy se conoce como la Marcha Climática de los Pueblos y que tendrá lugar en Nueva York el 21 de septiembre.

Este evento mundial va mucho más allá de unas cuantas personas congregadas en las calles de Nueva York: es un llamamiento a la acción a los activistas medioambientales del mundo entero para ponernos juntos en marcha y desfilar al ritmo del lema “¡Acción por el clima ya!”. A lo largo y ancho del planeta han surgido numerosos eventos solidarios previstos para ese fin de semana tan importante.

En algunos de esos lugares, la acción en defensa del clima se centra en pedir el cierre de centrales térmicas convencionales, que funcionan con carbón sucio, y su sustitución por energías renovables. Aquí, en la Costa Oeste, nuestro esfuerzo se encamina a detener la construcción de nuevos oleoductos para el transporte de arenas bituminosas, el tráfico de buques petroleros y el comercio del carbón.

Para cuantos vivimos en Vancouver, ésta es una gran oportunidad de desempeñar un papel importante en un asunto de dimensión internacional.

En un cuidado parque situado en la frontera entre Washington y la Columbia Británica se levanta un arco blanco, construido para simbolizar la relación pacífica y respetuosa entre Canadá y los Estados Unidos. Es un lugar único que permite a los ciudadanos de ambos países relacionarse sin tener que cruzar frontera alguna.

El Peace Arch Park se encuentra en el territorio tradicional de la Nación Originaria Semiahmoo, justo sobre el paralelo 49. Está flanqueado por inmensas formaciones de coches que aguardan a que los inspectores de aduanas aprueben su entrada en el país vecino. Estas formaciones se sitúan junto al trazado de una línea ferroviaria que transporta enormes cantidades de carbón sucio hasta el puerto de Vancouver, con destino a las centrales eléctricas a carbón de Asia. En otras palabras, el Peace Arch Park está hecho a medida para acoger una inmensa concentración en solidaridad con la Marcha Climática de los Pueblos de Nueva York.

La idea de organizar una gran reunión junto a este Arco de la Paz surgió gracias a los increíbles organizadores de 350.org en Seattle. Desde el Wilderness Committee, al que pertenezco, y Georgia Strait Alliance aceptamos la oferta sin dudar para garantizar así la participación canadiense en el evento. Ambas organizaciones nos hemos asociado en una campaña para salvar el Mar de los Salish, la masa de agua a lo largo de nuestra costa que está llamada, si no lo impedimos, a convertirse en un “corredor de carbono” para el transporte de carbón sucio y arenas bituminosas. La campaña que hemos puesto en marcha pretende levantar una muralla humana para hacer frente al ataque de la industria de los combustibles fósiles.

Algunos aliados estratégicos de las Naciones Originarias de Canadá pertenecientes la iniciativa Protect the Sacred también participarán en el evento de Peace Arch Park, junto con miembros de la Nación Originaria Semiahmoo, quienes serán los encargados de dar la bienvenida oficial a los asistentes.

Tenemos la oportunidad de celebrar una hermosa ceremonia de solidaridad y amistad que reúna al heterogéneo grupo de los agentes de cambio que luchan por poner fin a las exportaciones de combustibles fósiles en la región. Solamente en el Mar de los Salish, las exportaciones pronto sobrepasarán los 300 millones de toneladas de carbono al año, una aportación monstruosa en cuanto a la incidencia sobre el cambio climático, cinco veces superior a la producción oficial total de la Columbia Británica. ¡No vamos a permitir que eso suceda!

Paradójicamente, la distancia a cubrir en un evento transfronterizo como este no es mucha, pero el cambio que pretendemos sí requiere un gran esfuerzo. La crisis climática no será atajada por nuestros “líderes” políticos mientras no tengan claro que una comunidad diversa y decidida ha decidido unirse y abordar la cuestión. Para calentar motores antes de la marcha del 21 de septiembre en Nueva York, el día 20 se celebrarán eventos de solidaridad en otros países como, por ejemplo, India y Australia. Mientras escribo estas líneas, más de 300 manifestaciones solidarias están previstas sólo en Norteamérica.

Únete a nosotros el sábado 20 de septiembre en el Arco de la Paz. Necesitamostu ayuda para lanzar un mensaje claro y conjuntoa laindustria de los combustiblesfósiles ylos gobiernosde todo el mundo: no vamos a detenernos en la defensa del medioambiente. No vamos a permitir quenuestro lugar en estemundo se convierta enun felpudopara laindustria de los combustiblesfósilesen su intento poracelerar la acción destructora del cambio climático.Estamos juntos en esta lucha: el 20 deseptiembre ycada uno de los días por venir.

Allí nos vemos.

Eoin Madden es activista medioambiental del Wilderness Committee con sede en Van